Ricardo Oyarzún: Pescador de ilusiones

01 Mayo 1990 por Paula

Impregnado por la magia de MERLIN - nombre con que bautizó a su reducto creativo, donde confecciona y arrienda desde elegantes trajes de noche hasta la utilería más insólita para spots de TV-, el diseñador de los trajes de nuestras misses es un escultor en género. 

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Entrar en la calle Ricardo Cummings número 446 requiere de una preparación previa. Porque de esa dirección capitalina es posible ver salir a una coqueta bruja del siglo veinte, con escoba y todo, un Freddy Krugger digno de película o una novia que irreverentemente vistió su cara con maquillaje teatral. Y sin el menor signo de espanto entre los vecinos, que ya están acostumbrados a observar el fruto de la sugerente creatividad de los disfraces elaborados por Ricardo Oyarzún, diseñador de los trajes típicos y de fiesta que Constanza Barbieri y Julissa del Pino, Miss Chile para Miss Mundo y para Miss Universo, respectivamente, lucen en los certámenes de belleza.

 

"Lo mío es crear ropa de efecto que, más allá de ser bonita o fea produzca una sensación, un revoltijo visceral", acota el diseñador. Formado primero en un instituto capitalino y después en Temuco, en sus trabajos -que van desde la confección de originales maniquíes hasta la conceptualización de la unidad entre el espacio/tienda y el espacio/vitrina- ha buscado siempre un poco de magia, alineada con códigos que el diseñador reserva para los osados. Parámetros estéticos en los que, como el mismo dice, "te puedes volar un poco más, manejar conceptos de iluminación y teatro, abrir posibilidades para una cierta abstracción y mezclar texturas y colores con la mayor libertad. Mi idea es combinar lo funcional con la fantasía, simplificar las formas y lograr un diseño que se te quede para siempre en la memoria".

Por eso, el diseñador, que partió en PAULA elaborando mallas para todas las candidatas, había saboreado por mucho tiempo la posibilidad de crear los trajes típicos de nuestras misses. Por iniciativa propia, presentó varios diseños, inspirados en el mito del Caleuche, en el cóndor, en el ropón de huasa y en todo lo que esta larga y angosta faja de tierra que es Chile pudiera ofrecer.

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"Me atraía el desafío de crear un vestido que equilibre la espectacularidad de un evento internacional con los elementos tradicionales de nuestro país, sin que la mujer paresca árbol de pascua", explica Oyarzún.

 

Pero ojo: la explosión de brillos, lentejuelas y audacia que prima en muchos de sus diseños y accesorios es perfectamente compatible con el clásico vestido negro, adicción de las chilenas menos vanguardistas, que también se encuentran en la amplísima oferta de Oyarzún para vestir la noche.

La idea de MERLIN -así se llama la casa donde el diseñador no sólo arrienda y confecciona disfraces, trajes de fiesta o cóctel, vestidos de matrimonio, accesorios y utilería para casting, sino que además ofrece maquillaje social y teatral -es "ser un lugar donde se interprete y materialice cualquier idea que una persona quiera realizar en el ámbito estético, para los más variados gustos, estilos y personalidades. Tengo todo lo que se pueda necesitar, desde el zapato para arriba. Y si la persona quiere vestirse aquí, traigo hasta el peluquero", dice con orgullo. Lo cual significa que de Cumming 446 pueden salir contentas tanto la madre como la hija, la que busca el sombrero plagado de lentejuelas y espejos o la madrina que se muere por un largo y sobrio vestido color perla. Para todas ellas, la puerta de la creatividad está abierta.

Sofía Beuchat