No soy tan loco como la gente cree

08 Junio 2002 por Las Últimas Noticias

Ricardo Oyarzún, conocido por sus extravagantes diseños y por el vestuario que se luce en TV, acaba de inaugurar una línea de ropa más cotidiana, pero jamás fome.

Ricardo 1El nombre de Ricardo Oyarzún se relaciona inmediatamente con el mundo del espectáculo. En los casi nueve años que lleva como diseñador, se ha encargado varias veces del vestuario que se ve en el festival de Viña, en estelares de televisión y en el cuerpo de unas cuantas Miss Chile.

Una prueba son las paredes del taller que tiene Ricardo Oyarzún en Bellavista: están tapizadas con fotos de famosas -desde Cecilia Bolocco hasta Daniela Campos- que lucen sus exóticas creaciones

El las mira orgulloso porque sabe que ha llegado lejos. Pero cree que aún puede superarse y ahora está frente a una ropa más "ponible", como la define, dedicada a los que quieren ser y verse distintos.

"Estoy diseñando desde que me parieron y por eso estudié diseño de interiores y publicidad. Trabajé en ambas cosas y me iba bastante bien", cuenta este creador, quien se cataloga como un "carpintero del vestuario"

La buena estrella que según él lo ha acompañado durante toda su vida lo destinó a convertirse en diseñador de vestuario "casi por accidente". Todo comenzó cuando con unos amigos formó un grupo de danza teatro que se llamó Real Vaguardia. "Además de promoverlos, yo estaba a cargo de hacer los vestuarios pero toido era un hobby para mí. Luego el grupo se disolvió y me quewdé con los trajes".

 

Oyarzún los amontonó en un closet y se olvidó de ellos. Meses más tarde, y después de haber ido a una fiesta de disfraces, los sacó de nuevo y nunca más los guardó. "En la fiesta estaban todos mal disfrazados y lo peor, los trajes eran arrendados. Se me ocurrió arrendar mis disfraces, que eran pocos, pero lindos. Patudamente puse un aviso en la páginas amarillas y empezó a sonar el teléfono".

 

Según las necesidades de los clientes, este diseñador fue creando nuevos disfraces hasta el punto en que tuvo que contratar a una costurera para que lo ayudara. Estaba comenzando a hacerse conocido y la revista PAULA, que en ese tiempo estaba acargo del concurso Miss Chile, lo llamó.

 

"Me pidieron que creara unos trajes para coreografía y aproveché la oportunidad de presentar unos bocetos para el traje típico, que es el sueño de todo diseñador. 
Favorablemente, me adjudiqué mi primer traje y continué haciendolos por varios años", comenta.
Pero no fue hasta que lo llamaron de MEGAVISION que su nombre se conzolidó. "Me pidieron que me hiciera cargo del vestuario del Festival de Viña. Como siempre digo que sí a todo, acepté altiro, pero por debajo del escritorio me tiritaban las piernas. Era el medio evento y tenía que encargarme de vestir desde los tramoyas hasta las animadoras".

 

Como debutó con bombos y platillos - en lo que fue, además, su primer trabajo en televisión- , Oyarzún ganó de inmediato el cargo de vestuarista del Festival de Viña, certamen del que tiene mil anécdotas. "me iba a viña con cuatro camionetas llenas de ropa y otra más con tenidas de emergencia. porque allá todos los días te piden cosas o pasa algo. Una vez, el alcalde tenía que entregar una gaviota y como se le había quedado el smoking en la casa tuve que improvisarle uno", recuerda.

"En otra oportunidad, Antonio Vodanovic había anunciado a Thalia. Al salir al escenario, a esta mexicana se le rompió el vestido en el traste. ella gritaba "¿Dónde está el chavo del vestuario?", y yo corría de un lado a otro buscando hilo y aguja para arreglar el desastre. Con las manos en pleno queque de la cantante tuve que coserle el vestido sobre la marcha. En todo caso, esa vez fui la envidia de todos los chilenos"

anecdota

Te va bien con el vestuario escénico, ¿qué te hizo comenzar a diseñar ropa cotidiana?

El medio y mis clientes me han pedido tanto que haga ropa más "ponible" y más normal, entre comillas, que ahora estoy encaminando mis pasos hacia allá. Pero no pienso hacer ropa para gente fome porque no quiero tranzar mis principios. Mi idea es poner dentro de poco una tienda, que será un complemento de mi taller, a donde pueden ir los que se atreven a jugar.

También estás haciendo vestidos de novias.

Sí, es que aca son tan fomes y además parecen tortas de merengue.
No pretendo vestir a una novia de charol rojo, pero creo que ya es hora de parar un poco el cuento de esa novia tan virginal y tan poco real, que pertenecen al siglo pasado.

Como haces disfraces y trajes de escenario, ¿crees que a la gente le daría miedo encargarte un vestido de novia?

Sí, de todas maneras. Pero no soy tan loco como la gente cree. Soy un diseñador vanguardista, que se atreve más, pero siempre con la sensibilidad necesaria para determinar qué debe usarse dependiendo del minuto. Lo fundamental es comunicarse con el cliente, porque tienes que hacer un perfil sicológico de la persona, saber qué quiere y hasta dónde se atreve a llegar.

Ahora eres competencia para los clásicos diseñadores, ¿cómo ha sido la recepción de ellos?

No lo he podido percibir. A mí casi no me invitan a los desfiles porque como trabajo un concepto más visual y entretenido, me robo la película. Creo que en vez de criticar deberían esforzarse por hacer cosas distintas.


Julia Vial